20 de enero de 2013
En el juego de la pelota (William Carlos Williams)
se mueve uniforme
con un espíritu de inutilidad
que los deslumbra,
toda la pasión por el detalle
de alcanzarla, pisarla
y escapar, el error
el destello de genialidad,
todo sin más objeto que la belleza
lo eterno,
De tal modo que los transforme a ellos,
la multitud, en algo bello
para que esto
sea un advertencia
un saludo y un desafío,
Es algo vivo, ponzoñoso
de torva risa
y palabras mutiladas,
La mujer producida
la recibe con su madre,
El religioso la para de pecho,
es letal, terrorífica,
Es la Inquisición, la
Revolución
Es la belleza misma
que vive
en ellos con el ocio
de todos los días
Este es
el poder de sus rostros
Es el verano, es el solsticio
la multitud está
alentando, se regocija
en el detalle
permanentemente, con un gesto serio
y ningún pensamiento
retórica
es el que habla por nosotros
con la mueca del silencio
con una masa de tiempo entre los dientes
o un repulgue de voces que explotan sin estruendo
cada cual entiende la medida de sus deseos
tratando de releer los recuerdos y mendigando
esa limozna de bienestar
que la impune timidez del olvido
apacigua lentamente
1 de noviembre de 2012
break the floor
no sin antes
4 de octubre de 2012
dos párrafos de lanark
30 de agosto de 2012
eche homo
son diferencias adimensionales
imposibles
de enumerar
solo basta con nombrarlas
y darse cuenta
lo distinto
que somos
el progreso no es para vos algo
visible
más bien te llega
como un chorrito
que escuchás con los ojos
un engaño digamos
hasta sentir que terminaste
yo en cambio
contemplo todo desde arriba
como un dios
que puede apuntar
con su líquido y juega
a que limpia
la suciedad del mapa
la mierda pegada
en la fría losa blanca
del inodoro
un dios
te dije
al que podés crear
o matar
o tan simplemente
olvidarlo
acertijo
cuando buscás con los ojos y
sencillamente
no hay correspondencia
no cuaja
la piel algunos dicen
o sobre otras cuestiones
teorizan
que el pelo
que el modo en que me dijo
hola
que nada
simplemente
no hay onda
solo un interrogante
solo uno
sin una respuesta
19 de julio de 2012
Sincurso Literario
31 de mayo de 2012
un romance literario
22 de febrero de 2012
Volver
15 de noviembre de 2011
Coitus Interruptus
Percibir una cilíndrica y resbalosa sensación de ajuste, de circuncisión tensa pero elástica que cercena el tórrido flujo de sangre y que ahoga los latidos de una extremidad con vida propia y final previsto. De repente, la erupción: el chorro fugaz de esa vía láctea que nunca retrocede y va en busca del futuro, hacia adelante, como un impulso decidido a no claudicar ni siquiera ante las estrictas normas gravitatorias que rigen el universo de una lúcida y perfecta acabada. En tu boca, en mis manos, en el regocijo topográfico y abdominal de tu panza, la leche derramada inicia su ciclo de muerte y se transforma en un guarismo inescrutable de víctimas masacradas por el derroche. Entonces, en un acto meramente intencional, desparramo la viscosidad con el dedo para formar una cruz, y nos reímos juntos con esa misma complicidad sagrada que enorgullece a los dioses.
11 de noviembre de 2011
La sapiencia taoísta de Melville
16 de octubre de 2011
Compromiso
Un mendigo recostado en el calor de las baldosas dibuja una luna de tiza plateada manteniendo su mirada en ángulo altivo y rapante hacia el escamoteado soslayo de temor que provoca la desdicha, y recita estas palabras con una afectación tan absurda y en un tono tan ancestralmente autómata que ya en nadie inspira confianza:
Mendigo en cuclillas, al costado de las veredas, una moneda, algo que me dea; una palabra que no arranque con ene, como no, nada o negro de mierda; mendigo y por ahora mantengo el juego en primera persona, saliendo en algún momento al paradigma de las conjugaciones, dejando las palabras plantadas en un murmullo desdeñoso del que ya nadie tendrá memoria y que en el estuche de la Historia se perderá entre las cifras adversas de la voracidad mundana; y cuando esté afuera, trataré de no ser el único, de eludir la soledad, porque son muchos los que mendicen; y quizá también esté mendiciendo, esta vez, junto con otros mendichos que al unísono completan el dibujo en la vereda, el estrepitoso cardumen de las melancolombrices solitarias, hasta que el círculo se cierre y se rellene el menguante cuarto de una medialuna mordisqueada...
9 de septiembre de 2011
Confesión matrimoníaca
Ulceroso y espiralado devenir, el matrimonio.
16 de junio de 2011
Cuatro tristes tigres
30 de octubre de 2010
El crimen supersónico
5 de julio de 2010
De voces, palabras y hacedores
.—¿Qué hace esta gente, don?
.—Muy simple —contestó el tipo rascándose la nuca—. Naufragan en el mar que va del dicho al hecho.
2 de julio de 2010
Mis perras noches
Entonces cuando menos me doy cuenta, cuando miro el reloj y me digo que la caminata ya fue suficiente, las muy perras no me quieren seguir. Empiezan a correr como locas, a juguetear haciendo caso omiso de mis gritos, a tratar de distraerme por cualquier medio. A veces, incluso, se muestran decididas a no volver sin antes revolcarse de espaldas en la osamenta. (Es que disfrutan de ese olor a muerte, el mismo que, vedado por la inconsciencia de su infinito presente, les confiere un goce sin grietas y solo comparable con la eterna oscuridad de nuestras noches.)
15 de junio de 2010
Embutido de Dunsany

30 de mayo de 2010
Una nada sola no puede hacer hombres

Los hombres descuentenados pisaban la tierra húmeda y decían “tierra”; miraban los pájaros gritar y decían “pájaro”, tapaban sus ojos al mirar el cielo del mediodía y con una sonrisa en el rostro se decían unos a otros: “sol”… Pero uno de ellos se despertó un día sobresaltado por un mal sueño y, sin querer, articuló la palabra “sueño”. Al día siguiente todos dijeron “ayer” y con el paso del tiempo cantaron bajo la luz de la luna para recordar las noches antiguas y celebrar las lluvias, mientras unos monos parlanchines miraban desde los árboles y repetían asombrados lo que los hombres decían.
